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Entre las paredes de esa habitación vacía, escuchaba el timbre lejano de un teléfono.
Luisa no hacía nada por llegar a él.
Mario la miraba con insistencia, como queriéndole decir que debía ir a atender la llamada.
Ella permanecía callada.
No estaba pendiente de nada, pensaba.
Aquella tarde había seguido su sombra. El sol que daba en su espalda la acariciaba.
Ese momento de encuentro consigo misma, ahora retornaba haciéndola sentir plena.
Al fin, Mario se levanto y con intención de atender aquella llamada, al tiempo que el teléfono dejaba de sonar.
-¡Ves, es tarde para contestar!
Decía mientras constataba su soledad.
-¿Dónde estás?- dijo quedo, sin ánimo de molestar.
Ella ausente y relajada, se dejaba llevar.
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Entre las paredes de esa habitación vacía, escuchaba el timbre lejano de un teléfono.
Luisa no hacía nada por llegar a él.
Mario la miraba con insistencia, como queriéndole decir que debía ir a atender la llamada.
Ella permanecía callada.
No estaba pendiente de nada, pensaba.
Aquella tarde había seguido su sombra. El sol que daba en su espalda la acariciaba.
Ese momento de encuentro consigo misma, ahora retornaba haciéndola sentir plena.
Al fin, Mario se levanto y con intención de atender aquella llamada, al tiempo que el teléfono dejaba de sonar.
-¡Ves, es tarde para contestar!
Decía mientras constataba su soledad.
-¿Dónde estás?- dijo quedo, sin ánimo de molestar.
Ella ausente y relajada, se dejaba llevar.
En su memoria se imponía inevitablemente la imágen de aquel hombre. Sus sentidos le recordaban el persistente aroma de azahares y la tibia brisa que la envolvió enmarañando sutilmente su cabellera rubia.
Había salido a caminar para despejar su mente. Demasiadas presiones ... demasiados placeres postergados ... La plaza hacía gala de una incipiente primavera y Luisa disfrutaba de esa momentánea soledad consigo misma, planteándose lo que había sido su vida hasta entonces.
Concentrada en sus pensamientos, pero atenta al revoloteo de alguna que otra golondrina, Luisa continuaba caminando.
De pronto, algo la distrajo, una silueta a lo lejos se acercaba lentamente ... era un hombre alto, de contextura normal, mediana edad ... A medida que se aproximaba ella iba palideciendo. Se detuvo. Cuando él estuvo lo suficientemente cerca su corazón le dió un vuelco ... era él ... no podía ser ! Tantos años ... tantos silencios.
No supo qué hacer hasta que el hombre ya estaba delante de ella. Se miraron. Luisa dejó caer una lágrima sobre su mejilla ...
- ¿ Cómo estás ? Te busqué todo este tiempo - la voz del hombre se quebró de la emoción
- Pasaron muchos años, no soy la misma - respondió Luisa temblorosa
- ¿ Por qué no fuiste aquél día ? ... te esperé ... jamàs apareciste
- Hay cosas que jamás entenderías . Dejemos todo como está - suplicó ella no muy segura
- Lo sé todo, Luisa, no tienes que explicarme nada. Estoy dispuesto a empezar de nuevo.
Luisa se dejó llevar por un impulso y se alejó rápidamente. El hombre intentó detenerla, corriendo detrás de ella, pero la perdió de vista entre la multitud.
En su casa, Mario, su marido, la esperaba para darle una buena noticia. La noticia que habían estado esperando durante tanto tiempo ... lo habían ascendido .
Mario la miró salir y la decepción le despintó la mirada, al mismo tiempo que una nueva emoción que rechazaba crecía en su interior:deseos de reir...
Y así lo hizo, se relajó y permitió que la risa brotara, al principio como una sonrisa para transformarse en carcajadas estertoreas que sacudían todo su cuerpo, rió y rió hasta que la risa se transformó en llanto y mientras esto ocurría las imágenes de suvida compartida con Luisa desfilaba ante sus ojos.
No comprendía lo que le sucedía, pero tampoco le importaba, todo había cambiado, la alegría y los proyectos que lo acompañaban al regresar del trabajo habían desaparecido ante la indiferencia de ella.
No sabía como continuaría la historia entre ambos, tampoco le interesaba demasiado.
_ Será lo que deba ser_ se dijo sumergiéndose en la pantalla del televisor que transmitía un partido de fútbol.
Han sido muchos años de espera para a que Mario lo ascendieran en su trabajo se podría decir que casi toda una vida. Ya los hijos se han ido y cada uno comienzan una nueva vida. Mientras que a la vida de Luisa y Mario es la llegada de un nuevo capítulo, el cual traerá consigo la transformación de ambos.
Luisa , mujer que se conserva a pesar de su edad siempre ha sido una mujer alegre, sus hijos, familiares y amistades de la escuela y el trabajo la consideran como una persona estable , feliz, dinámica , una buena líder en todos los aspectos. Por lo general Luisa siempre ha sido la misma , el matrimonio, la maternidad , los años no han empañado su personalidad.
Sin embargo Mario, su esposo, que en un tiempo fue una persona alegre, dinámica, comprensivo ha sufrido una transformación . Con los años, el matrimonio , padre de tres hijos al parecer lo han convertido en un hombre , enfoscado solo en su trabajo , sus amigos y su deporte, tal parece que lo hacia a propósito para evadir sus responsabilidades en el hogar, tanto como padre que como marido.
Luisa y Mario parecían dos extraños en su casa. Luisa trataba de motivar a su marido , invitándolo a un viaje fuera del país y muchas otras ideas, pero Mario siempre tenia una excusa. Un domingo en la tarde, Luisa cansada del tedio salió de la casa , nadie la seguía o la corría , lo que si sucedía era que Luisa le huía a su casa, a su marido , al abrir la puerta sintió la brisa fresca rozar su rostro y su cabello al viento le hizo juego a aquella tarde de otoño. Sus pasos la dirigieron hasta la plaza , se acerco hasta la fuente....
Con el ascenso, las responsabilidades de Mario se habían acrecentado y, lejos de significar una mejoría en su situación matrimonial, lo alejaban cada vez más de Luisa.
Ella ya había jugado su última carta. La propuesta del viaje había sido el último intento para salvar su matrimonio. No dió resultado, entonces decidió darse una nueva oportunidad para ser feliz.
Habían transcurrido varios meses desde aquel encuentro con Gerardo y, muy a pesar suyo, no había podido quitarlo de su mente. Su nombre y su imágen la perseguían en todo momento.
Era otoño y la fuente de la plaza ya no tenía reflejos de sol, el viento había deslizado hasta ella las hojas mustias de los árboles cercanos ... Esta vez si apareciera nuevamente, ella no escaparía. Gerardo había sido su gran amor, lo había conocido en la plenitud de su vida. Por cobardía, por no haber sabido enfrentar los obstáculos impuestos por los prejuicios de su familia, lo había perdido ...
Aquella tarde de hacía 25 años ambos habían acordado encontrarse en ese bar de citas estudiantiles. Los padres de Luisa no aceptaban esa relación, porque la familia de Gerardo tenía ideas políticas opuestas a la suya. A ellos poco les importaba, pero las presiones eran cada vez más fuertes. Debían verse a escondidas. Hasta que decidieron escaparse juntos ...
Gerardo ya había tomado 5 cafés y estaba apagando su último cigarrillo. La inexorable aguja del reloj marcaba las 8 y cuarto. Hacía 2 largas horas que miraba hacia la puerta del viejo bar
esperando verla llegar. Cuando finalmente tomó conciencia de que ya no vendría, se levantó de su asiento con el peso de su decepción, pagó la cuenta y se retiró. Intentó telefonearle, pero el tono daba siempre ocupado. Era una señal muy clara para él. Luisa lo había abandonado.
Y ella, ahora estaba pagando el precio de su cobardía. Se quedó mirando correr el agua de la fuente esperando ver en ella el rostro de Gerardo ...
Su imaginación volaba recreando su vida con él………. Con hijos, con ilusiones y viviendo un gran amor.
Un amor muy distinto al de Mario, pero, ¿Habría sido mejor su vida?
Realmente nadie le obligo a casarse con Mario, ella lo eligió, le quiso de otra forma,
fue distinto, pero le amo. Compartían ideas, ilusiones, gustos, luego vinieron esos hijos tan deseados.
Repasando todos lo años compartidos con él, se daba cuenta de que no fueron malos, eran felices, había alegría en su hogar, risas y esperanza en un futuro.
Pero el tiempo pasó y todo poco a poco fue cambiando, sobre todo Mario.
Y aunque está segura de que si apareciera se iría con él, porque seguía amándolo, también en el fondo dudaba de sí no utilizaba ese amor pasado como tabla de salvación, y si ese hecho no seria un lastre en el futuro.
Su vida estaba jugada. Su matrimonio estaba casi sin retorno a la felicidad de los primeros años, donde juntos siempre compartìan risas, sueños y la crianza de sus tres pequeños hijos. Su espìritu dinàmico la llevò a pensar que sì era el momento de reencontrarse con aquel "su Gerardo".Ni su vida matrimonial y nada se lo impedirìa. Fue entonces que vivìa imaginàndose còmo serìa este encuentro. Pensò... pensò... què y còmo hacerlo realidad..
Volverìa a aquel cafè donde nunca asistiò.Dìa a dìa a la hora en que debìan encontrarse hace tantos años, Llegaba, se sentaba en aquellla mesa cercana a la ventana, pedìa su cafè, y su mirada estaba siempre fija en el caminar de los transeuntes. A veces lo veìa caminando hacia ella con su traje oscuro, su mirada alegre y sus cabellos entrecanos. Pero nunca era èl. Pasaron dìas... quizàs meses... ya era para el lugar y la gente habitual "la señora del cafè mirando hacia la vereda", y nunca nadie se animò a preguntar què le sucedìa, què estaba haciendo allí.
Ella no parecía estar en esa habitación, navegar entre sueños y recuerdos era su actividad favorita, en un momento estaba recorriendo las suaves arenas del desierto y después se encontraba tejiendo aves gigantes con nubes del color del sol.
Construía muros de aire, invisibles para los demás, pero fuertes e imponentes para Luisa, en los que nada atravesaría, nada le molestaría; mientras estaba dentro de esos muros el mundo real se disolvía como agua alrededor de ella, el teléfono, la habitación, hasta la voz de Mario se convertía en un eco perdido en el tiempo, Luisa podía oirlo a lo lejos, pero sus aves de nubes eran en ese momento lo más importante para ella...
Mario simplemente se quedó ahí, mirándola. Su actitud ausente no era extraña para él, suponía lo que pasaba por la mente de Luisa, pensaba en las cosas grandiosas que su mente estaba creando, lo que sus ojos podían estar viendo. Pero sólo eso podía, suponer; conocía los muros de Luisa, y sabía que a pesar de que la amaba, él no podría atravesar esos muros.
Mario se sentó en el piso cerca de ella, en ese momento, Luisa soltó sus aves, vio como se alejaban con rapidez de su vista, acercándose amenazantes al sol. Ahora eran sus muros los que se disolvían, y todo el mundo volvió a aparecer a su alrededor. Regresó tal y como lo dejó, sólo que ahora Mario estaba a su lado.
Ella le sonrió ligeramente, mientras despertaba rápidamente de su sueño. Hacía tiempo que estaban juntos, pero para ella estar con él era lo más extraño que le había pasado. Durante toda su vida nunca había compartido su tiempo con alguien, mucho menos su corazón, hasta que conoció a Mario.
Al principio parecían dos extraños que sólo habían coincidido en un momento indiferente en sus vidas, pero después esos encuentros comenzaron a darse con más frecuencia. A Luisa la enamoró la personalidad de Mario, fuerte y encantadora a la vez, y a Mario el silencio seductor de Luisa; ella podría no hacer nada, pero el sólo verla provocaba en él todo tipo de sensaciones.
- ¿Algún día me dejarás pasar esos muros? - Preguntó Mario, mientras contemplaba los ojos recién despiertos de Luisa. Ella por un segundo se estremeció, quería compartir su vida y su corazón con él, pero la idea de compartir su mundo le parecía inconcebible, a pesar de que lo amaba.
- Acabo de ver unas aves gigantes, es lo único que te diré... - y en ese momento los labios de Luisa le callaron su boca en un beso intenso, y Mario comprendió la respuesta: ella no quería hablar del tema. Al principio él se había propuesto atravesar esos muros, con o sin el consentimiento de ella, pero tantos intentos fallidos y el dolor que ésto le provocaba a Luisa le hicieron detenerse. Poco a poco entendió que era mejor contemplarla y quedarse con lo que los ojos y la boca de ella le decían...
Las aves gigantes llegaron pronto al sol y comenzaron a rodearlo. Sus suaves plumas hechas con nubes acariciaban al astro, y éstas se incendiaban con el más simple roce.
Lo mismo estaba pasando con los cuerpos de Luisa y Mario, sus labios y el juego de sus caricias los envolvían en un fuego apasionado, que no necesitaba explicaciones, y aún cuando las aves se extinguieron en llamas, no pasó lo mismo con el fuego de los dos amantes, que aunque el teléfono volvió a sonar, esta vez fue Mario el que no quiso contestar, estaba demasiado perdido en el calor de Luisa...
....bueno lo intento, qué por el camino, he atisvado algo interesante.....
¿ Te has enterado Mario? Se alquila el piso de de enfrente.
¡¡Vaya!!, ¡a ver quién nos toca, buenos están los tiempos! A ver si son como nosotros, normales y eso, digo yo ¿no?.
Pues me parece que son muy distintos, son, los que vienen, unos cuantos años mayores que tu y yo.....setentones, creo, ¡imagínete! ....
Si, bueno, todos tenemos derecho a vivir, o sea que si no son de nuestra quinta, pues nosotros a lo nuestro y nada de confianzas. ¡¡¡que estén sanos y útiles es lo que hace falta!!! ¿verdad, cariño?.
Si, es lo deseable, contestó Luisa, sintiendo al mismo instante la emoción del segundo soñado, él, el otro, quién la sacaria del tedio vitae de vivir junto a otro hombre con el que goza, aún goza con él....pero, su ser, el espiritu de su mente la hace soñar, soñar en aquello otro, que no tiene, y desea.....aquel otro pensado diferente,....desconocido y al mismo tiempo, mágico duende que haría realidad, todas sus fantasias de mujer.....probar con muchos a la vez.....
(Continuará)
He copiado lo que hemos escrito hasta el momento del relato, en:
http://cerques.ning.com/profiles/blog/show?id=2065382:BlogPost:29164
He cerrado los comentarios porque es mejor que se siga aquí.