CONSECUENTES

DAR RIENDA SUELTA A LA IMAGINACIÓN

Un cuento fantástico

11/01/2007

El rey y los higos mágicos.

Hete aquí que una vez hubo un rey que tenía una corona llena de diamantes, esmeraldas y trozos de madera.
No creáis que eso es extraño ya que hay una madera muy oscura y dura procedente de África y estimada como si de una joya se tratara. Estaba tallada en piezas diminutas e incrustada haciendo resaltar el brillo de las otras gemas.
Esta corona no pesaba nada, era ligera como el aire y además tenía unas perlas increíbles.
Niños y niñas, hombres y mujeres y ancianos bajaban al fondo del agua del mar par pedir a las ostras sus joyas estimadas.
Era una gente tan bondadosa que nunca se cerraban las ostras cuando sus manos se aproximaban.
Después de coger una perla ponían un granito de arena muy y muy pequeño para que pudieran volver a dejar su nácar a su alrededor.
Estas perlas eran: rojas, blancas, amarillas, lilas, grises. Claras y oscuras, no tanto como la madera del África milenaria, el ébano, y de muchos otros colores, como los del arco iris.
Este rey tenía una nariz tan pequeña, tan pequeña que nadie se la veía y todos creían que no tenía nariz.
Este rey tenía unos ojos tan pequeños, tan pequeños que la gente creía que no los tenía.
Este rey tenía una boca tan grande, tan grande que parecía Gargantua y creían que se los tragaría, pero no era así.
A este rey, cuando miraba: las estrellas, las montañas, las personas, la luna,... todas las cosas, sus ojos le crecían tanto que iluminaba todo a su alrededor.
A este rey, cuando olía las flores, los perfumes y cuando se constipaba le crecía la nariz, tanto que llenaba su cara y todo el mundo salía corriendo hacía su casa porque estaban espantados.
Como eran muy curiosos acababan mirando por el agujero de la chimenea.
A este rey , cuando comía, su boca se iba haciendo pequeña, tan pequeña que desaparecía.
Este rey era muy bondadoso, muy buena persona, pero nadie lo sabía.
Este rey comía la fruta de los árboles. Sobretodo le gustaba comer unos higos mágicos que daba una higuera del medio del bosque.
Aquellos higos le hacían crecer las piernas. Tenía tanta afición que comía a menudo y claro sus piernas habían crecido tanto que si las queremos dibujar no tenemos bastante espacio para hacerlo.
Cuando nuestro rey quería comer su fruto preferido tenía que agacharse con sumo cuidado porque el resto de su cuerpo era normal.
Nuestro rey tenía caballos, camellos y dinosaurios. También un ejercito con muchos soldados, pero nadie recordaba haber participado en ninguna batalla.
El ejercito de este reino organizaba fiestas y juegos florales.
Había mucha actividad en este país, pero ninguno soportaba la presencia de su rey. Estaban espantados y siempre salían huyendo.
Como nadie se atrevía a ponerse delante de él se sentía muy sólo y ya empezaba a padecerlo.
Un día un duende del bosque se dio cuenta de cuales eran los sentimientos del rey, de su tristeza, y empezó a seguir sus pasos.
Iba caminando detrás de él escondiéndose detrás de cualquier matojo, arbusto o árbol que hubiera por allí.
Al fin quiso llamar la atención del rey y pretendió asustarlo haciendo, “Buff”, pero el rey no se enteró pues era un sonido tan suave que los ruidos del bosque lo absorbieron. Así, pues, cogió su gorro y lo dejo caer desde lo alto de un árbol. Se oyó un sonido muy agradable y el rey se dio cuenta de su musicalidad. Era el cascabel que llevan los duendes en la punta de sus sombreros.
El rey empezó a buscar queriendo mirar, pero como sus ojos eran muy pequeños no veía nada. Conforme iba mirando se le iban haciendo más y más grandes y entonces se dio cuenta de la presencia del duende. Se espantó y cayó de culos. Quedó encogido y maltrecho en el suelo.
El duende intentó levantarlo, pero no había manera, no pudo. Reanimó al rey y le dio conversación intentando quitarle el miedo. Hablaron tanto que al final se hicieron amigos.
Como no podía hacer nada pensó ir en busca de sus amigos los niños y niñas del reino.
Se dirigió a la plaza del pueblo por la tarde, cuando ellos merendaban y jugaban todos juntos. Los llamó y ellos hicieron un círculo a su alrededor. Cuando les hubo explicado los hechos se espantaron. Lo hizo con toda una serie de gestos y danzas. Ya sabéis que los duendes son amigos de dar toda suerte de explicaciones con una gran diversidad de sonidos y gestualidades haciendo cabriolas y volteretas.
Los niños y niñas no querían atender a razones. No irían a hacer nada por el monstruo, es así como lo veían. El duende no paraba de explicar lo buena persona que era. Cuando les explicó como se había espantado y había caído del susto, unánimemente decidieron ir y ayudar.
Lo intentaron de muchas maneras, perro no lo pudieron conseguir.
Decidieron ir a buscar a sus padres y explicarles todo. Pidieron ayuda a los padres y las madres, pero éstos se quedaron espantados.. Cuando, después de muchos argumentos explicaron como se había asustado el rey del duende rieron y perdieron su miedo.
Fueron todos juntos a intentar levantar al rey. No lo consiguieron.
Desesperados y sin que nadie lo advirtiera se sentaron en círculo alrededor de su rey rogando a los buenos espíritus del bosque que les ayudaran.
Entonces ocurrió algo increíble y fantástico, las hadas y los duendes del bosque salieron dejando caer sobre todos ellos unos polvos mágicos.
Sucedió algo inesperado. El rey no era rey, era un hada preciosa. Todos quedaron boquiabiertos por la sorpresa tenida.
Aquel hada había sufrido un encantamiento de una mala que le tenía envidia porque quería ser más hermosa que ella y no lo podía resistir.


Lo he recuperado de: http://aragon.gugara.com/anna-s-biesa

Etiquetas: cuento

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Respuestas a esta discusión

La versión original, en catalán, se encuentra siguiendo el enlace: http://cat.bloctum.com/dulcesol/el-rei-i-les-figues-magiques/

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Es una preciosidad de cuento. seguro que te lo pasaste en grande haciendolo con los niños. si es que tienen una imaginacion increible.
Besos

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Es algo que surgió sin esperarlo.
Ahora son alumnos(as) de tercero, pero entonces lo eran de primero. Con sus seis años.
Era el primer día de clases, tras las vacaciones de Navidad.
A la hora que terminábamos, al mediodía no acababa de llegar la monitora.
En un momento así tienes que buscar tu varita mágica de los recursos y ponerte en acción.
Los(as) niños(as) no tienen paciencia para esperar.
Un recurso que había usado desde el inicio de curso era dar una campanilla a uno(a) de ellos(as) para que la depositara en otro(a), moviéndose por la clase haciéndola sonar.
Aquel día empecé con las palabras mágicas que pusieron en marcha el cuento.
Su escucha, participación y mirada hicieron que se pusiera en marcha la magia cuentista.
Cuando llegó la monitora, manifestaron su decepción, pero dejé claro que continuaríamos.
Así fue. Salí con un papel y un lápiz en mis manos, anotando lo que habíamos narrado.
Participaron recreándose en detalles y decidiendo los cambios.
Hicieron unos dibujos maravillosos.
El año pasado, al inicio de curso les entregué el texto impreso y volvieron a dibujar. Tenían interiorizado el cuento.
Fue a raíz de que se lo pasé a una compañera para que lo leyera a sus alumnos(as) de quinto. Los(as) que ahora comparto con ella en sexto.
Esto de andar entre niños(as) tiene sus compensaciones.
Hace un rato he descargado unas fotos, que no puedo compartir, pero que me encantaría hacerlo.
Juegos en el patio y un momento divertido en que se me pusieron de pose para que les retratara.
Quedé que les enviaría por correo las fotos, pero no lo he hecho. He reducido a 500 para que no me pesen mucho.
Tienen un correo que les dan para el curso. Es una iniciativa educativa.
He abierto un correo en yahoo para que me envíen cositas.
A ver que sale de todo esto.
Disfruto. Supongo que se nota, jeje.

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Acabo de dar con una intervención que hice en otro lugar y momento, haciendo alusión a este cuento.

Los valores están invertidos.
De la misma manera que no se ha valorado el gran papel de la mujer en su casa, llevando sobre sus espaldas el núcleo de la sociedad, y la función educadora de quienes tenemos en nuestras manos las futuras generaciones; todos esos productos, como la literatura infantil, caen en el mismo saco de infravaloración.

El crítico más severo es el niño.

Escribí un cuento en colaboración con mis niños. Todo empezó por hacerles la espera, de una monitora, menos aburrida. Cuando ella llegó estaban expectantes y colgados de la historia que justo acababa de empezar. Volvimos a ella hasta que en mutuo acuerdo la dimos por terminada.

Ese cuento tiene la parte oral de la improvisación. Anduve tomando notas por los pasillos, para no olvidar detalles y haciendo revisiones con ellos.

Surgió. A veces la magia entra en clase.

Hemos hecho muchas cosas, pero aquella fue especial.

Y cuento contado, cuento acabado.

¡Qué va!

-Vuélvemelo a contar

Cuidado, no se permiten adornos ni modificaciones. Los crios quieren repetir el instante mágico en que volaron con el cuento que les expusisteis.

Anna SB, 18 de abril de 2008

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