DAR RIENDA SUELTA A LA IMAGINACIÓN

Había un ratoncito curiosito, asomado al tejadito. El gatito trastito se percataba de su presencia con sus bigotitos, pero para nada quería comerse al ratoncito ya que su vida era de mimos y lujos. Nuestro gatito hubiera querido hablar en el lenguaje de los ratones para explicarle a ese diminuto roedor las delicias de la vida llevada en sus salones, dónde damiselas elegantes le acariciaban el l…
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