DAR RIENDA SUELTA A LA IMAGINACIÓN

Un cuentito que saqué de mis viejos libros de primaria: En el banquillo de los acusados, frente a una multitud enardecida, estaba sentado un taco. Era un taco común y corriente, es decir ¡riquísimo!. Su piel de maíz despedía ese olor característico que hechiza a cualquier mexicano. En su interior, algunos trozos de carne bien repartida se mezclaban con cebolla picada, un poco de cilantro y sufic…
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