
Cuenta un viejo cuentacuentos
de los que frecuentan posadas,
que hubo otrora un caballero
muy parco en usar palabras.
Tal era su testarudez
que nadie su voz conocía;
y así, con su extraña mudez
la boca ni en sueños abría.
Cierta fecha de tormenta
cuando el aire te atenaza,
una alterada labriega
vino a encontrarlo en la plaza.
-¡Dadme una voz caballero,
que he perdido a mi chiquilla!
¡Gritad que la busco, que espere,
que no se aleje de la villa!
Nada dijo el mencionado
mientras la mujer clamaba;
impasible dio la vuelta
y marchó hacia su morada.
Al dar unos cuantos pasos
un bulto en el suelo notó;
tomó el objeto en los brazos
y un frugal vistazo le dio.
De trapo una gentil muñeca
vio de delicado semblante.
ojos grandes, piel canela
y una sonrisa constante.
( Ridículo monigote
que nadie quisiera tener)
Pensó sin tardar y al instante
irritado la dejó caer.
- ¡Ay, que me hirieron con saña
por mi humilde condición!
( ¿la mente cansada me engaña
o fue la muñeca que habló?)
El hombre miróla aturdido,
la cara contrita mostraba;
y un lagrimeo sentido
por su rostro resbalaba.
- ¿yo que os hice caballero,
Que me tenéis por ponzoña?
Soy de mi dueña un tesoro,
¡Y para vos soy carroña!
yo suspiro por hablar
y decirle que la quiero.
Vos pudiendo no lo hacéis,
hombre insensible y austero.
La mujer, rota en la plaza,
desesperada corría.
La niña chiquilla no estaba
y la muñeca........sufría.
-¡buscadme a mi ama, os ruego
buscadme a mi niña dueña!
¡llamadla que venga presto
y que me lleve con ella!
Locuras que da la vida,
el hombre mudo quedó.
Quiso chillar, mas no pudo;
su garganta se cerró.
En tanto, una vivaz pequeña
la muñeca cogió del suelo,
y corriendo, abrazó a su madre,
devolviéndole el consuelo.
La tormenta había cesado,
la noche suave llegó.
(¿tal vez despierto he soñado
o en serio he perdido la voz?)
Y al partir hacia su casa,
con esa duda en su mente,
desde lo alto del cielo
oyó decir claramente:
- “Por no utilizar tu voz,
a la muñeca la he dado.
Que injusto es su desuso
pues es un don muy preciado.
Ella le hará un buen servir.
Su boca pintada hablará,
Y aquello que quiso decir,
Al fin, con amor brotará.
Quedaos vos mudo, pues
tal es lo que merecéis.
Pensando lo que perdisteis,
La pérdida apreciareis.
Que no dar palabra a un hermano
Es como negar una vida”.
Y así se fue el hombre, turbado,
Sin voz, sin amor, sin salida.
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