CONSECUENTES

DAR RIENDA SUELTA A LA IMAGINACIÓN

Estoy parada frente al cuerpo inerte de mi madre que yace como un árbol sin savia, observando el ajetreo a mi alrededor, ajena a todo, mis lágrimas se han acabado, los recuerdos del último año me acosan como fantasmas que intentan confundirme, o quizás no desean que piense en el mañana. Durante el último año mi vida se había circunscrito a cuidarla y atenderla en su convalecencia, hasta el momento en que había muerto en mis brazos, ahora nada me queda; mi padre nos había abandonado por nuevos intereses y cuando ella descubrió que su enfermedad era terminal optó por ocultárselo, su dignidad no le permitía recurrir a la lástima, él tampoco había demostrado gran interés en lo que nos sucedía; hoy lo observo lejano, distante, con sus hombros encorvados como si cargara un gran peso, casi no se había acercado, ni siquiera pudo intuir mi gran necesidad de sentir un abrazo o de alguien que se hiciera cargo de la situación, aunque sea solo por un momento.
Mi nombre: Soledad, resultó siendo el signo que marcó mi existencia.
Al salir del cementerio, una mano aferró mi hombro obligándome a detenerme, al girar lo vi, él se había ocupado de los detalles, trámites y demás en mi lugar, facilitándome el difícil trance que estaba viviendo, su mirada transmitía paz, _ Si necesitas algo solo llámame_ dijo antes de partir.
_Estaré bien_ le respondí, reprimiendo las lágrimas que intentaban salir.
Con mi madre vivíamos en un departamento del centro en un viejo edificio, lo que hacía que sea amplio aunque le faltaba mantenimiento, al entrar las paredes me parecieron más descascaradas y el lugar inhóspito y triste, corrí hasta su cuarto arrebujándome en su cama, buscando su aroma que me envuelva y proteja, alejándome de tanta tristeza, y así aferrada a la almohada me dormí no se por cuanto tiempo, cuando mis párpados intentaban separarse los apretaba para mantener la ilusión de que aún estaba allí acariciando mis cabellos, velando mi sueño.
Un día escuché el timbre que sonaba sin interrupción, pero ni siquiera intenté levantarme, más tarde me sobresaltaron los golpes en la puerta, pero ya no tenía fuerzas para responder y me dejé estar…
Sumida en la fiebre que me llevaba por momentos hacia la inconciencia, logré verlo parado a mi lado con expresión desolada.
_ No debí dejarte sola, se lo había prometido._ dijo apenado.
Sus palabras sonaban irreales, lejanas, al punto de que me había convencido que era una alucinación. Volví a cerrar mis ojos sumergiéndome en el sueño protector.
Pero esta vez no se fue, persistió a mi lado cuidándome, percibía su preocupación cuando me arropaba o cuando intentaba que beba algo, por momentos escuchaba que trataba de alentarme hablándome suavemente, narrando anécdotas de mi niñez o intentando robarme una sonrisa cuando enfocaba mi mirada en su rostro que por momentos reconocía.
Perdí la noción del tiempo, todo se volvió irreal, hasta que un día descubrí que había despertado, al moverme mi cuerpo aún me dolía, pero ya percibía aromas y colores, un rayo de sol que se colaba por la ventana pintó todo de brillantes colores, una puntada estremeció mi pecho al recordar lo sucedido, el dolor regresaba.
El aroma de las tostadas despertó mi apetito recordándome que aún estaba viva, él entraba con una bandeja de apetitoso contenido.
Le sonreí, expresando así mi agradecimiento.
_ Que suerte que has despertado, de otro modo te perderías este apetitoso desayuno_ dijo alegremente.
_ Gracias,… Por estar…_ le dije con voz entrecortada.
Lamentablemente creía tener todo superado, o al menos es lo que mi mente me dictaba, pero estaba más que equivocada, me llevaría mucho más tiempo, años… y quizás nunca lo lograría.
Acomodó los platos sin dar importancia a mis palabras y eludiendo mi mirada.
_ Ya sabes como soy, me gusta cuidar gorriones con el ala herida_
Fue suficiente para que comprendiera su presencia, nunca más hablamos sobre el tema, era mi padrino y como todo caballero se hacía cargo de mi y mi desgracia.
La recuperación fue lenta, el dolor se aferraba a las fibras de mi corazón negándose a abandonarme. Todo siguió su proceso, no había prisa, así recomencé mi vida lentamente, sin presiones, permitiendo que cicatricen las heridas.
Él comenzó a salir cada vez por períodos más prolongados, dejándome los tiempos y espacios para que de mis primeros pasos en soledad, quizás no quería ser testigo de mis yerros y mis cobardías, se conformaba con observar los resultados.
Un día a su regreso, me sentó frente a él y tomando mis manos entre las suyas mientras suplicaba mi comprensión con su mirada, dijo: _ Conocí una mujer_
El silencio lo invadió todo, ocupando hasta los intersticios ínfimos de mi interior, no tenía nada que decir, tampoco deseaba hacerlo, sabía que ese momento llegaría, no por eso mi sorpresa fue menor.
_Es especial, por eso me atrevo a mencionarla._
No tenía dudas de ello, mi decepción aumentaba, no quería retornar a la soledad. _Puedes traerla… si lo deseas…_ dije sin poder ocultar mi dolor, y sonó como un grito desesperado. Era consciente de mi egoísmo, pero no pude evitarlo.
_ No es tan sencillo, se llama Chu-Li , tiene dos pequeños y su madre a cargo y lo que es aún peor, están en la calle._
_ Hay lugar suficiente._ dije mientras la controversia crecía en mi interior.
_ Mañana me caso, es el único modo de ayudarla._
_ Lo siento, no podré acompañarte._
El día amaneció nublado y frío conjugando con la apatía que me invadía, me reprochaba por haber hablado, la inquietud me asaltaba y la duda crecía.
Él salió muy temprano, y después de una sencilla ceremonia, tenía esposa, hijos y suegra, aunque ni siquiera podían entenderse, una voz interior y la mirada esperanzada con la que lo observaban le decían que había echo lo correcto.
Me llamó con voz apesadumbrada, la responsabilidad de mi bienestar pesaba sobre él, sabía que era el único con quien contaba: _ Esta noche dormiremos en un hotel, será mejor para todos._
Colgué sin responderle, las horas que siguieron fueron esclarecedoras para mi futuro, pude darme cuenta que ya estaba lista para hacerme cargo de mi vida, dejé a un lado los recuerdos de la tibia comodidad que él me brindaba, las quejas y los lamentos por las desgracias que me aquejaban y todo cambió. Resurgieron la vitalidad y la energía que me caracterizaran en el pasado, los proyectos surgían sin que pudiera detenerlos.
Tenía la certeza de que todo cambiaría a partir de ahora; fue en ese momento en que tomé la decisión definitiva, a medianoche escribí la esquela.
A la mañana escuché la puerta y solo esperé observando a la distancia, componían un grupo extraño, incongruente, pero ya no debía importarme. Él entró y mi nota lo esperaba sobre la mesa del recibidor junto a un pequeño ramo de flores silvestres: “Mis mejores deseos para ti, creo que lo mejor será que sigas tu camino, en definitiva a ti te gusta cuidar de gorriones con el ala herida, yo ya sané y emprendí mi vuelo, hasta siempre”.

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Alina Galliano Comentario por Alina Galliano el julio 21, 2008 a las 7:21pm
Adriana este es un relato donde el sentimento y la enseñanza se compenetran.Gracias.
Saludos

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Anna SB Anna SB creó esta red social en Ning.

Camino de reflexión de la fantasía colectiva plasmada a través de las distintas artes: fílmicas, plásticas, literarias, musicales,...


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