La soledad y la adversidad hacen duras a las personas, hacen que se vuelvan fuertes, pero por dentro a veces necesitan saber que alguien las protege, más si esta persona dura se trata de una niña...
De esto habla el libro que hoy les presento: La hija del espantapájaros, de Maria Gripe, este libro pertenece a la tan querida para mí, colección de libros El Barco de Vapor, y me emcantaría poder platicarles de este libro.
Éste libro, junto con el De profesión, Fantasma, fueron los primeros libros que me leí completitos cuando era niña, y me encantaron; por una extraña razón, tiene como 6 años que pude conseguir el libro, para mi desgracia ya sin imágenes, al parecer lo descontinuaron por un tiempo, pero lo importante es que por fin me pertenece.
La historia se centra en Loella, una niña que vive en el bosque, en algún lugar de Suecia, a cargo de sus hermanitos, mientras su madre trabaja en América, o Madrid, o Londres, siempre cambiando de lugar.
A pesar de tener sólo 12 años, Loella o Malos pelos, como la conocen en el pueblo, por su cabello negro y muy rizado, es una niña explosiva, con un carácter bastante fuerte y muy fácil de que se enoje. Para ella lo más importante es que nadie la moleste ni se acerque a su casa, a excepción de su tía Adina, quien le surte de comida, educación y atención, a ella y a sus hermanos.
Para ello, y también para espantar pájaros y cualquier cosa amenazante, monta afuera de su casa un espantapájaros, hecho de trapos y ropa que eran de su padre. Loella se ocupa mucho de él, le cambia la ropa y hace que siempre se vea presentable, además de "espanta gente", también le sirve de buzón para el correo, como sorpresa en sus bolsillos, donde encuentra dulces o cualquier otra cosa que a ella le guste.
En secreto, le llama "Papá Pelerín", para ella más que un amigo, se volvió en su papá, que la protege y la entiende.
La vida tranquila y normal de Loella se trasforma cuando su madre decide que vaya a vivir a la ciudad, junto con sus hermanos, ellos con una amiga suya llamada Agda y ella a un lugar llamado El Hogar de los Niños.
Loella hace de todo porque su amiga-la cual no tiene una buena relación con Loella- no se los lleve a la cuidad, pero no es posible porque el Patronato de Menores va por ellos y ella no puede hacer nada, entonces ella se va, dejando a Papá Pelerín solo.
Aquí comienza la verdadera aventura para Loella, a enfrentarse a un mundo que desconoce totalmente y a tener que vivir en él. Para ella, la vida en la ciudad es una pérdida de tiempo, ya que nadie se esfuerza por nada, todo está a la mano, lo que le hace extrañar fuertemente su vida en el bosque, no era tan cómoda como en la ciudad, pero al menos se tenía algo que hacer.
Pero este nuevo mundo le tiene más sorpresas de las que se imagina. Desde que llega al Hogar y comienza a ir a la escuela (nunca había ido a una), un sentimiento muy fuerte le ha llenado la cabeza y el corazón: su papá. De él no sabe mucho, se fue cuando era pequeña y nadie lo menciona, pero desde que llega a la ciudad, el saber de él y dónde está se ha vuelto más que una misión, una necesidad para Loella.
Sin querer, el cariño por su padre va en aumento, miles de ideas llegan a la cabeza de Loella: en donde estará, qué es lo que hace; y entonces un sueño se hizo en su mente: que su papá no se había olvidado de ella, sentía en su corazón que él regresaría por ella, esos sentimientos le hacen recordar una frase de su tía Adina "el significado oculto de las cosas", y esta misma frase la hace entrar a un sueño, a un bello sueño para ella, que añora se vuelva realidad.
Mientras nadie la observaba en el Hogar, Loella se pone una blusa que su mamá le envió (pero ella dijo que su papá se la había enviado), y entonces ella se transformaba:
"Ya no era Loella ni vivía en el Hogar... Esa niña era feliz porque tenía un padre y nunca lo perdería... La que estaba allí era la hija de Papá Pelerín. No la hija del viejo espantapájaros del bosque, sino la del verdadero Papá Pelerín, el que tenía que venir..."
En ese sueño, toda su realidad desaparecía a su alrededor; cada vez que soñaba, rescataba a Papá Pelerín de morir ahogado, de incendios, de choques, avalanchas y naufragios, y cuando lo ponía a salvo y él le preguntaba su nombre, al momento de contestar él exclamaba: "¿Loella?¡Entonces tú debes de ser mi hija!"
Esos sueños, las ilusiones, las desilusiones, todas las emociones que vivirá y las personas que conocerá en la ciudad harán soportable la vida de la chica en esta ciudad y a la vez le harán descubrir que no toda la gente es odiosa, como ella lo cree; y en su regreso al bosque, "el significado oculto de las cosas" como dice su tía Adina, le traerán una gran sorpresa a Loella, al encontrar en lugar de su viejo espantapájaros , a un espantapájaros de carne y hueso...
Este libro me fascino por la historia y la forma en la que narra la vida de Loella, las descripciones de los lugares, de lo que Loella o los otros personajes sienten y piensan, hace que te pongas en sus zapatos, te llevan a vivir y a veces hasta sentir la historia, te tranportan al tiempo en el que están viviendo y es una lectura aunque a veces muy descriptiva, fácil de leer y no marea tanto. Una buena lectura a veces un poco seria, pero que puede ser disfrutada tanto por chicos como por grandes...
Etiquetas: cuento, cuentos, espantapajaros, hija, libros, minerva
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