
XIII
Cuando todos te vieron pasar
hasta el codo de agua
donde habitan los muertos
se llenó de obsidianas.
Tu sonrisa,
la ligereza de tus pies,
puso a florecer el espectro
de los sin cuerpo,
transformándolos en pedazos de jade
con un simple movimiento de tus hombros,
con una contracción de tus rodillas.
Aquella tarde no tuviste compasión
y en un arranque de alegría
llenaste la mansión de lo imposible
con el ritmo de tu cintura,
para que nada ni nadie pudiese resistir
la magia de tu elocuencia.
Sólo por eso los espacios y sus paredes
parieron turquesas
tratando de copiar la perfección de tus pechos,
cuando la belleza de tu danza los posee
porque sus puntas, al rozar el aire,
van engendrando mundos.
¡Ay, corazón de la esmeralda!
enséñanos el secreto de tus Huesos,
el temblor de tu abrazo,
la inigualable fuerza de tu vientre,
los singulares círculos de tu amor.
Aliméntanos con la línea de tu boca,
déjanos habitar el molde de tu beso,
el misterio que vive entre tus labios.
Márcanos para siempre
con tus ritos,
no nos eches a rodar
como piedras,
por los abismos que todavía desconocen
la delirante huella de tu Sombra,
el voraz contrapunto de tu estructura,
esa que sabe sin esfuerzo satisfacer
el hambre que impera en los ojos
de-mis Señores-Primos, los Coyotes,
cuando la luna hace hervir
el río de su sangre
impregnando sus coyunturas de lujuria
mientras el trepidante golpe de la vida
trashuma el centro de lo erótico
el lenguaje primal de toda cópula,
ese que reclama la fiereza de su derecho
en el recinto de las ingles,
exigiendo sin tregua
la iniciación de lo letal,
la seductora vorágine de tus espasmos.
Alina Galliano@
Del libro...La danza en el corazón de la esmeralda.
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