Entre las paredes de esa habitación vacía, escuchaba el timbre lejano de un teléfono.
Luisa no hacía nada por llegar a él.
Mario la miraba con insistencia, como queriéndole decir que debía ir a atender la llamada.
Ella permanecía callada.
No estaba pendiente de nada, pensaba.
Aquella tarde había seguido su sombra. El sol que daba en su espalda la acariciaba.
Ese momento de encuentro consigo misma, ahora retornaba haciéndola sentir plena.
Al fin, Mario se levanto y con intención de atender aquella llamada, al tiempo que el teléfono dejaba de sonar.
-¡Ves, es tarde para contestar!
Decía mientras constataba su soledad.
-¿Dónde estás?- dijo quedo, sin ánimo de molestar.
Ella ausente y relajada, se dejaba llevar.
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