Hace seis meses me compraron.
Sentí una gran alegría en ese momento, porque estaba ya cansado de esperar en la tienda, sin que nadie me abriera.
Me imaginé que en casa de mi nuevo dueño, reposaría tranquilamente en la mesita de noche, bien a la vista, y que cada fin de día mis letras serían lectura diaria para él.
Pero he ido a parar a una biblioteca.
Por lo visto el hombre es un empresario adinerado, que me compró a mi y a otros doce mil novecientos noventa y nueve libros antiguos que nunca leerá, sólo para crear una biblioteca y exponerla en su casa reformada.
A mi me ha tocado la estantería número cinco, en el rincón y a la izquierda. Es la zona de los “lomos negros”; nos hemos puesto ese nombre porque nuestra encuadernación es de cuero azabache. Los diseñadores de interiores, por lo que he oído cuando nos colocaban aquí, nos compran por metros y nos usan para crear una atmósfera cálida y con sabor antiguo en los hogares de clientes ricos. Es de importancia fundamental que encajemos con el decorado de una habitación.
A veces viene por aquí para enseñar la estancia a sus invitados. Se siente orgulloso de nuestra apariencia; le encanta exhibirnos y decir que tiene trece mil libros en su haber.
Espero no pasarme otros seis meses cerrado, porque creo que este hombre está un poco vacío de contenido, aunque le rodee la opulencia. No le iría mal mi lectura.
En fin, voy a volver a mi letargo, aquí en mi estante. Soñaré con unas manos que me tomen y unos ojos que me lean. Y mientras tanto, meditaré sobre la vida... y sus circunstancias.
( relato basado en un comentario llamado "Solo para exhibirse" expuesto en Nuestro pan diario )
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