
Entrada la madrugada aquella oscura figura que había pasado el día entero esperando en vano a las puertas del aeropuerto decidió tomar un descanso sentándose en un austero montículo de hormigo seco.
Su presencia impacientaba cada vez a los guardias de turno viendo aquel intruso que no parecía tener prisa por marcharse, nada indicaba que pronto se iría, nada.
El guardia tomo una decisión - ¡eco, tango uno... intruso desconocido ante las puertas... corto! Segundos de silencio, mientras los dos guardias intercambiaban miradas de incertidumbre. - ¡eco, tango uno, solicito información... cambio!-.
Aun continuaba el silencio en la noche cerrada.
• - ¡Papa, nido de águila!... ¡repita...cambio!
• - ¡eco, tango uno, desconocido ante la puerta principal del aeropuerto, solicito formación!
• - ¡Papa, nido de águila! ¿Cuál es la situación... cambio?
• - ¡Varón, caucásico, vestimenta oscura, no logramos distinguir si va armado... solicito refuerzos Papa, nido de águila... cambio!
La respuesta fue inmediata, todos los dispositivos se pusieron en marcha... el oficial al mando del destacamento militar mas cercano se hizo cargo.
• - ¡Vamos, vamos, vamos...! Grito con firme voz a lo que las tropas rápidamente formaron ante los pesados vehículos. - chasquidos de armas quitando los seguros, secos clicks de cargadores encajados con precisión en las armas mientras rápidas carreras para montar en los caballos de acero que esperaban ya listos para una acción preventiva.
El comandante subió al vehiculo de cabeza, dio la señal de partida haciendo una señal circular en el espacio con su mano derecha.
Orugas metálicas con parches de goma irrumpieron el asfalto, torretas blindadas autoprotegían al convoy de cualquier percance que pudieran encontrar en el su camino al aeropuerto... su destino final.
• - ¡Eco, tango uno, solicit...! La respuesta fue inmediata - ¡Papa, nido de águila! Eco, tango uno, vamos en camino... cambio.
Esas palabras parecieron aliviar la ansiedad de los dos guardias que aun se mantenían expectantes ante aquel intruso.
Apenas tardaron diez minutos el convoy compuesto por seis blindados.
Rápidamente y como si de un ballet se tratase cada hombre salio por la puerta trasera de los monstruos de acero, impacientes por escupir el fuego por sus profundas gargantas espigadas.
Tomaron posiciones, la mirada inquisidora del comandante no perdía detalle alguno del movimiento sincronizado de sus hombres, no había improvisación, al menos en cuanto a las primeras posiciones tomadas.
El comandante bajo la cabeza solicitando un megáfono, al conductor del vehiculo. Se puso en pie sobre la cúpula del vehiculo, con autoridad, seguro y decidido dijo;
• - ¡Señor... incorpórese lentamente, alce los brazos y póngalos sobre la cabeza! - repitió la orden - ¡Señor... esta totalmente rodeado, no haga una estupidez, levántese y ponga las manos sobre la cabeza!
Pasaron largos e interminables minutos, parecían horas.
Por el intercomunicador, el comandante llamo al francotirador, - ¡Papa, nido de águila... ruiseñor, tome posición... cambio!
• - ¡Ruiseñor, en posición, Papa, nido de águila, cambio!
• - ¿ lo tiene a tiro? Pregunto el comandante sin inmutarse, sabiendo bien cual era su trabajo.
• - ¡Afirmativo, claro y limpio, Papa, nido de águila, tengo tiro limpio! Volvió a repetir el francotirador.
• - ¡señor por una ultima vez, ahora, arrodíllese, y lentamente retire sus manos del cuerpo y deposítelas sobre la cabeza!
El intruso hizo caso omiso de la orden, solo se puso en pie, fue todo lo que hizo.
Cientos de puntos rojos danzaban sobre su cuerpo, pero el más certero era de color anaranjado, el del francotirador.
• - ¡Señor, tiro tengo tiro limpio, no hay obstáculos, pido permiso para disparar... cambio!
• - ¡Ruiseñor, le daré la ultima oportunidad, si no responde a las peticiones, tiene permiso para disparar...cambio!
• - ¡señor, si señor!... ¡Ruiseñor, listo y a la espera, corto!
El intruso, como si fuera ajeno a todo ya puesto en pie, alzo los brazos...
-¡Dispare ruiseñor!
Sonó un seco chasquido, el trayecto del proyectil desde la recamara hasta la cabeza del intruso fue de tan solo un segundo por la corta distancia, tiro limpio y certero, el intruso se desplomo sobre el frió asfalto negro.
Los soldados corrieron hasta ponerse frente a al caído, aun respiraba, - el sargento del pelotón que había dado la orden de avanzar hacia al intruso caído sobre el asfalto, deposito la huella de su bota sobre el pecho apretando con fuerza como temiendo que este aun tuviese fuerzas para repeler el ataque.
• - ¡Abran paso al comandante soldado! Grito el sargento mayor.
El comande le hecho una ojeada de pie, se arrodillo mientras los soldados lo cubrían y ruiseñor atento a cualquier movimiento estaba listo para otro certero disparo.
Abrió el abrigo, recorrió por si llevaba armas, o algún tipo de dispositivo.
No había nada, absolutamente nada, ni armas, ni notas, ni nada que fuera letal.
• - ¡sargento, traiga un medico! Grito el comandante, aun respira.
• - ¡medicooooooo!... ¡medicooooooo!...
Un soldado con el casco pintado con una cruz roja apareció en la escena.
En vano masajeo al intruso, la respiración boca a boca tampoco dio resultado.
El medico miro al comandante, haciendo un gesto de... nada podemos hacer por el, se muere.
• - ¿quien eres? ¿Por qué no has obedecido la orden? ¿porque estabas ahí? ¿responde?
El desconcierto era tal que uno de los soldados se quito la guerrera y el casco, se hinco ante el intruso y deposito sobre su cabeza ensangrentada la guerrera en forma de almohada.
• - Señor, con su permiso... este hombre no tiene antecedentes, ya lo hemos comprobado, tampoco armas, nada indica que fuese una amenaza.
• - Lo se, ahora lo se.
La sangre se confundía con en negro asfalto, la noche cerrada, parecía ni siquiera ser roja, pero lo era.
• - ¡Aquí ruiseñor...! ¡Papa, nido de águila... cambio!
• - ¡Ruiseñor, diga, cambio!
• - ¡Papa, nido de águila, mire a su derecha, en el brazo derecho del intruso cambio veo algo!
Sonaron nuevamente los chasquidos de las armas quitando el seguro.
-¡Alto ordeno el comandante, altoooo!...- Dios que... ¿hemos hecho?, ¿que hemos hecho? ¡Alto el fuego, altoooo!
Le despojaron con cuidado del largo abrigo negro, encontrando lo que Ruiseñor desde su morada había localizado.
Eran plumas, eran alas, acababan de abatir por error un ángel.
El comandante se volvió arrodillar junto al intruso preguntándole, - ¿Por qué has hecho esto? ¿Porque?
Apenas con un hilo de voz, el intruso le respondió con tenue voz.- Por ti, por tu hija. ¿Acaso no me llamasteis para que la mantuviera con vida, sabes que se moría, que apenas aun es un pequeño ser que tiene mucho por vivir... he cambiado mi alma por su vida?-. "no tienes que sentirte culpable, ni mucho menos así debía ser, otros vendrán para hacer la misma labor que hizo hoy por ti, mañana mis hermanos la harán por otros. No te culpes, no culpes a quienes obedecieron la orden del destino, no te culpes."
Solo silencio, ya no resonaban disparos certeros, tampoco ruidos de monstruos mecánicos, tampoco chasquidos de seguros.
Silencio eso era todo lo que había, el intruso alado yacía en el suelo.
• - ¡Una llamada mi comandante!
• - ¿Quién es?
• - Su mujer señor, le llama su mujer.
• - ¡Pásemela!
• - ¿Dime amor, que pasa, ahora estoy muy ocupado? No quería decir nada del incidente.
• - ¡Amor, nuestra hija vive!... se ha recuperado, los médicos dicen que no saben como ni porque su enfermedad ha remitido, dicen...un llanto rompió al otro lado del móvil... dicen amor, que es como un milagro, no tienen respuestas. Ven a verla esta despierta, amor.
• - ¡Ya, ya voy rumbo al hospital!...
Mientras lo llevaban al hospital para ver como su hija había vuelto a la vida, recordó al extraño, sus palabras... ¿quien diablos era ese loco que se dejo la piel? ¿Seria un ang...?
Sea quien sea, fuese quien fuese, él le dio otra oportunidad a mi hija.
• - ¡Papa, nido de águila... cambio!
• - ¡Eco, tango uno, cambio!
• - Leen atad con cuidado al intruso, lleváoslo al campo santo y hagan honor como si de uno de nosotros hubiera sido. Cambio...
• - ¿señor? Dijo la voz al otro lado del comunicador.
• - ¡ Lo que oye! Sepultura con honores, que su lapida diga... dio su vida por otra vida, la de la hija del comandante... Cambio
• - Entendido señor.
• - ¡ Vamos, vamos, vamos! Ordeno el sargento mayor ya han oído al comandante.
El convoy que antes en pie de guerra iba por las calles silenciosas de la ciudad, ahora se había convertido en un cortejo fúnebre con honores alzando y custodiando al extraño en caballo de acero y fuego de cabeza, como dictan las normas a sus caídos.

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